Subida navideña al Gorbea

30 12 2010
  • Hommme

Como casi todos los años, he pasado la Nochebuena en Vitoria. Aparte de disfrutar de la familia y como ya es costumbre en la cuadrilla, he subido el Gorbea con los amigos. Es una antigua tradición vasca la de subir en fechas navideñas este hermoso monte de 1.482 metros. El monte Gorbeia (en euskera) es la cumbre más alta del macizo montañoso del mismo nombre, situado en los Montes Vascos, a caballo entre las provincias de Álava (Araba) y Vizcaya (Bizkaia). Su cima está coronada por una cruz metálica de 17,23 metros de altura cuya estructura recuerda a la Torre Eiffel. Dos patas de dicha cruz se encuentran en Alava y las otras dos en Vizcaya.

El Gorbea es un tradicional punto de referencia del montañismo vasco y corazón del Parque Natural del Gorbea. La relativa bonanza de su escalada, su ubicación y su variada accesibilidad tanto desde la parte alavesa como de la vizcaína, han hecho del Gorbea probablemente, el monte más famoso entre los vascos.

Subir el Gorbea en diciembre no es empresa fácil. Y este año aún menos, pues las recientes nevadas iluminaban el monte desde muchos kilómetros a la redonda. Al encontrarnos a las 8 de la mañana los termómetros rozaban los -10ºC. Y se confirmaban las predicciones de día despejado. La idea de encontrarnos con nieve, sol y naturaleza en su máximo esplendor, animaba la aventura. Tuvimos que dejar los coches en Múrua, más lejos de lo habitual por problemas de hielo en la carretera. Así que emprendimos la marcha pisando hielo y nieve. No dejaríamos de hacerlo en unos 17 kilómetros. Nada más dejar la nevada carretera, empezamos a disfrutar de un paraíso blanco, lleno de luz y energía.  La nieve cubría todo con cuidado. Los más madrugadores ya habían marcado una senda por la nieve. Todos buscábamos la huella de nuestro adelantado para encajar la bota y dosificar la energía. (Algunos dejábamos huellas más grandes que otros…) A los lados del camino un manto como de espuma se extendía formando caprichosas formas. Y el sol, presente, provocaba múltiples reflejos cristalinos en la nieve. Sacar fotos nos rompía algo el ritmo, pero era casi imposible no parar cada rato a fotografiar alguna forma, algún paisaje, una huella…

Hasta una hermosa pottoka nos encontramos (puedes pinchar sobre las fotos para verlas mejor). La pottoka es un caballo de pequeño tamaño Es un animal bien constituido, tiene medidas intermedias y proporcionadas, con cuerpo musculoso y fuerte. Tiene un carácter firme y en la actualidad está protegido. Fue un regalo verlo comiendo de las ramas más bajas de un árbol.

Tras una parada para reponer fuerzas que el frío hizo breve, enfrentamos la parte final de la subida. Tras salir de la zona boscosa, nos encontramos con la gran ascensión hasta la cruz metálica que ahora se veía diminuta. Una hilera de personas, peregrinaba hacia la cima. Algunos ya bajaban tras hollar cumbre. Este fue el momento más duro para mí. Una fuerte ventisca desde la derecha dificultó la visión. La nieve despegada del suelo por el viento, pinchaba en la cara y nos obligaba a girar el cuerpo a la izquierda. Nos subimos la braga del cuello para cubrirnos las caras y nos ajustamos los gorros. Seguir las huellas dibujadas en la nieve era una odisea. Las piernas desaparecían por debajo de la rodilla entre la nieve y te desequilibrabas como si estuvieras embriagado . Incluso pedí una pausa y un trago de agua ante un leve mareo. Como siempre, me sentí cuidado y seguro con mis amigos.

Y de lo que más me gusta de esta ascensión es la metáfora de la vida, con sus tramos difíciles y partes más duras, lo espiritual de ascender una montaña, el hacer balance del año, el pedir a la madre naturaleza ayuda para encontrar el camino y las fuerzas para continuar. El refuerzo del vínculo de la amistad, el compartir en el camino, el preguntar por el prójimo…

Y esta es otra forma de meditar. No solo se medita en quietud. El aficionado a la montaña, por ejemplo, medita caminando entre los árboles, respirando aire puro cargado de Prana, mirando hacia adentro en su esfuerzo, en su disciplina… Se puede meditar haciendo labores manuales como hacer punto, haciendo un puzzle o cantando desde el corazón… Más aún si realizamos dicha acción con plena conciencia y si nos conectamos con nuestra respiración.

Tras el último repecho en mejores condiciones, sin olvidar que seguíamos a -10º a las 13 horas, llegamos a la Cruz del Gorbea. Estaba blanca, helada y rodeada de más montañeros (mendizales), contentos por haber subido una vez más. Unos habían subido con esquís, otros con raquetas, otros con sus perros… Rápidamente, pues el frío en la cima era intenso, nos abrazamos y sacamos unas fotos.

Con tal cantidad de nieve, la bajada también fue dura, ya que nuestras rodillas sufrían los impactos al desconocer a qué altura estaba el suelo bajo la nieve. Por fin, ya pasadas las 15h, llegamos a los coches. Tras quitarnos la ropa mojada, fuimos a comer al 7, para terminar la jornada jugándonos un patxaran al mus.

En la cuadrilla bromeamos sobre la edad hasta la que lograremos subir juntos el Gorbea. Que si ya hemos comprado las bombonas de oxígeno, que hay que ir subiendo escaleras semanas antes de la cita… No lo sabemos, aunque estoy seguro que nos quedan muchos años.

Eskerrik asko Koldo, Gorka, Joseba y Romo, estas letras son para vosotros. Gracias por la magnífica desconexión, o mejor dicho, por la magnífica conexión con Gaia y por vuestra compañía. Urte Berri On!

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2 responses

31 12 2010
Joseba

La verdad es que sí Manu, subida (y bajada) espectacular. En todas las ediciones gorbeieskas hemos disfrutado de la ira de la meteorología (lluvia ,barro, niebla, ventiscas, etc), pero esta ha sido impresionante, por su dureza con tanta nieve (no somos ochomilistas) y su enorme belleza paisajística.
En cuanto pueda, te mando algunas fotos de las que hice yo por si las quieres colgar. Naturaleza en estado puro.
Lástima de la tremenda ventisca que nos sorprendió en la última parte de la ascensión, ya que no nos permitió plasmar del todo, con un sinfín de fotos, el maravilloso submundo que quedaba a nuestros pies.
Espero que sigamos haciendo cumbre juntos muchos años más porque la dualidad naturaleza-amistad no se paga con dinero y el Gorbea nos la da con los brazos abiertos. Sólo hay que cuidarla.
Volveremos…
Un abrazo

8 01 2011
raquel

Gracias por compartir esta experiencia basda en el reto personal, la amistad y la conexión con la Naturaleza. Las fotos son preciosas!!!

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